El asfalto de Durban volvió a vibrar con el inconfundible rugido del Red Bull Shay’ iMoto, el evento que cada año convierte el “spinning” sudafricano en un espectáculo de cultura, destreza y comunidad. Más que una competición, es un latido colectivo que une generaciones y barrios en torno a un mismo sonido: el del motor al límite.
La edición 2025 coronó a Panjaro como campeón tras un duelo electrizante contra Boksie en la final. La demostración de control y estilo de Panjaro lo elevó sobre un grupo de 16 de los mejores “spinners” del país.
Uno de los momentos más vibrantes llegó de la mano de Magesh Junior, quien, vestido con regalia isiZulu, se abrió paso hasta las semifinales con un despliegue que fusionó tradición y técnica, arrancando ovaciones del público.
A diferencia del drifting, el spinning no sigue una coreografía rígida. Aquí, la improvisación es el alma: los pilotos provocan derrapes circulares salvajes, saltan fuera del coche en pleno giro, se suben al techo o al capó, y juegan con el límite físico del vehículo y del propio cuerpo. Todo acompañado de música, luces y la energía de la multitud.
Raíces de resistencia
El spinning nació en los townships sudafricanos durante el apartheid, como una respuesta cultural a la falta de espacios y recursos para practicar automovilismo. Surgió en barrios como Soweto y Cape Flats como acto de identidad, orgullo y resistencia.
En sus primeros días, los circuitos eran improvisados: calles, terrenos baldíos o patios privados. Allí, el icónico BMW 325i “gusheshe” se convirtió en símbolo del movimiento, por su velocidad y su inconfundible silueta cuadrada.
Más que un deporte, el spinning es una tradición familiar. Padres enseñan a hijos las técnicas, los talleres son colectivos, y cada coche es fruto del trabajo conjunto de vecinos y amigos que actúan como mecánicos, ingenieros y mentores. En muchos casos, los jóvenes aprenden a “spinear” antes incluso de tener edad legal para conducir.
Del barrio al escenario global
Hoy, el spinning trasciende etnias y regiones, y sus eventos son festivales culturales donde el motor se mezcla con música, danza y arte urbano. El Red Bull Shay’ iMoto ha llevado esta tradición a un escenario internacional, sin perder su esencia comunitaria.
En un mundo donde el automovilismo suele ser exclusivo y tecnificado, el spinning se mantiene como el “motorsport del pueblo”: accesible, creativo y profundamente arraigado a su gente. El Shay’ iMoto 2025 no solo coronó a un campeón, sino que reafirmó que esta disciplina es un puente entre generaciones y una bandera de orgullo sudafricano.
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